Hasta ahora el proceso de contenidos y estrategias encaminados a formar tutores muestra un gran sentido de coherencia y pertinencia. En ese orden conocer las herramientas con las que se va a trabajar, pero más importante aún, profundizar en el paradigma de la educación en línea, supone un reto para quienes tradicionalmente hemos trabajado en espacios de educación formal.
De lo anterior desprendemos la necesidad de reconstruir la idea que social y tradicionalmente hemos tenido del uso del tiempo, al menos en el proceso educativo el trabajo del tiempo corto, de las clases y los cursos, toma una dimensión abierta en la que los participantes, docente alumno se corresponsabilizan en cuanto a su aprovechamiento, la modalidad asincrónica supone la posibilidad de cierto margen de libertad con relación al trabajo y a las ocupaciones básicas. Pero también conllevan al compromiso en tanto se coincida y cumpla con las tareas a emprender.
Por otra parte, el espacio, quizá es la dimensión que cambia de manera radical, ya no es la modalidad presencial o semipresencial reducida al aula o a espacios especializados, contrariamente, el uso de la computadora y su diversificación social convierten la modalidad de educación en línea la oportunidad de acceder al proceso educativo desde casi cualquier parte.
En la idea de comentarios; la reducción de materiales mínimos necesarios se suma a los beneficios y bondades de la educación en línea, se agradece entonces que con sólo una computadora y conexión a internet el proceso educativo pueda separarse definitivamente de las sillas, el pizarrón y los salones de clase. Los nuevos materiales sin embargo dada su complejidad se deben orientar por ejemplo a contar con plataformas acabadas, con software y recursos audiovisuales lo mejor diseñados de modo que sean sólo un medio y no un fin en el proceso de aprendizaje colaborativo.
Por otra parte lo que corresponde al alumno nos hace pensarlos como aparecen en aquellos diseños discursivos que normalmente aparecen en los programas educativos como justamente eso; discursos. No obstante, la educación en línea implica necesariamente llevar a la práctica real competencias deseables en los alumnos; disposición al trabajo, alto sentido de la responsabilidad y de la constancia, eso en el plano actitudinal, en lo que refiere al plano académico, el rol del alumno en esta modalidad nos lleva a entenderlo como un individuo altamente participativo, autodidacta, interactivo y que autoregula su proceso de aprendizaje.
Por su parte, el profesor, como principal responsable de esto que se entiende por mediación pedagógica no desaparece ante el paradigma de la educación en línea. Su figura como hasta hoy es indispensable para promover los aprendizajes necesarios. Lo anterior a partir del diseño de estrategias didácticas específicas encaminadas a desencadenar aprendizajes precisos y trascendentes.
La mediación pedagógica retoma del profesor tradicional su capacidad para generar inquietudes y desequilibrios, precisamente la visión de andamiaje retomada de los supuestos de Vigostky ratifica el papel del docente como elemento básico del proceso por el cual el alumno avanza hacia la construcción del conocimiento.
domingo, 11 de abril de 2010
Dos sujetos básicos en la mega tendencia educativa actual
Dos sujetos básicos en la mega tendencia educativa actual.
Por Francisco Javier Oliva Hernández
La presente reflexión tiene como propósito ensayar brevemente los roles que jugarán el docente y el alumno en el nuevo paradigma educativo del siglo XXI. En ese sentido podemos partir de dos cuestiones importantes; ¿En qué radica la diferencia sustantiva entre el docente tradicional y su nuevo rol? Y ¿Cuál es la idea que se plantea del alumno deseable en una prospectiva como la que sugiere la RIEMS y se asemeja al modelo educativo actual?
En el orden de ideas planteado partimos de la idea de que los cambios más importantes del paradigma educativo posmoderno impactan a los sujetos implicados en ese proceso, al docente ya no se le concibe como un transmisor de conocimientos, ni siquiera como un enseñante:
El educador de hoy, más que centrarse en la transmisión de una herencia del pasado, debe abocarse a la habilitación para forjar y afrontar escenarios futuros. Los niños, adolescentes y jóvenes necesitan desarrollar habilidades de pensamiento y de acción, actitudes positivas hacia la vida, a través de modelos creativos e innovadores que les permitan saber qué hacer en situaciones variadas, dónde y cómo buscar la información que requieren en cada momento, además de adquirir hábitos de trabajo y convivencia que les permitan colaborar en equipos de trabajo interdisciplinarios y pluriculturales.[1]
Así entendida la figura y función docente hay innovaciones importantes pero también tareas nuevas y específicas, en esa dinámica los docentes de hoy en cualquier nivel educativo están obligados a traer la sociedad a la escuela y a los contenidos escolares, la práctica escolar entonces es una secuencia de vivencias paralelas que el docente organiza y promueve en los estudiantes con el propósito de preparar a los alumnos para lo mediato y lo inmediato. Hoy más que nunca la figura del profesor sigue vigente dada su importancia y rol crucial, hay quien pensaría que con las nuevas tecnologías es desplazado, diremos, para aclarar cualquier duda, que en este panorama su papel es insustituible nadie mejor que él para propiciar el desarrollo de los alumnos.
Estos por su parte siguen siendo el centro medular de todo el proceso educativo, los materiales, las estrategias y los objetivos educacionales están plateados en torno a su desarrollo integral y el de sus diversas competencias tanto genéricas como disciplinares: “El plus educativo, el broche de oro, lo pone cada educador y cada educando, con su riqueza axiológica personal e irrepetible, con su creatividad, su eticidad, su criticidad, sus ideales y convicciones, que le hacen ser sujeto y no objeto de las megatendencias de la educación a inicios del siglo XXI.” [2]
Diríamos entonces que el alumno deseable es un sujeto inmediato, es decir, uno que se integra a la sociedad sin decir que estaba desligado, el modelo educativo supone más un campo de prácticas de las competencias citadas en situaciones simuladas altamente realistas. La escuela se convierte entonces en el recipiente que emula a la realidad social, económica y cultural para acoger al alumno y regresarlo - competente - , realizado, emocional y con un amplio sentido de los valores.
En ese orden de ideas docente - alumno y su relación dialéctica se construyen en moderadores de la acción educativa: La educación está hoy ante un nuevo paradigma; se trata más que nunca de educar con visión prospectiva, mediante un modelo integrador que no pierda de vista el ser y el deber ser del hombre como ejes que iluminan un progresivo saber, y encienden un positivo hacer. [3]
[1] Marcela Chavarria Olarte, Megatendencias en la educación el el Tercer milenio, p. 3
[2] Marcela Chavarria Olarte, Megatendencias en la educación el el Tercer milenio, p.
[3] Idem
Por Francisco Javier Oliva Hernández
La presente reflexión tiene como propósito ensayar brevemente los roles que jugarán el docente y el alumno en el nuevo paradigma educativo del siglo XXI. En ese sentido podemos partir de dos cuestiones importantes; ¿En qué radica la diferencia sustantiva entre el docente tradicional y su nuevo rol? Y ¿Cuál es la idea que se plantea del alumno deseable en una prospectiva como la que sugiere la RIEMS y se asemeja al modelo educativo actual?
En el orden de ideas planteado partimos de la idea de que los cambios más importantes del paradigma educativo posmoderno impactan a los sujetos implicados en ese proceso, al docente ya no se le concibe como un transmisor de conocimientos, ni siquiera como un enseñante:
El educador de hoy, más que centrarse en la transmisión de una herencia del pasado, debe abocarse a la habilitación para forjar y afrontar escenarios futuros. Los niños, adolescentes y jóvenes necesitan desarrollar habilidades de pensamiento y de acción, actitudes positivas hacia la vida, a través de modelos creativos e innovadores que les permitan saber qué hacer en situaciones variadas, dónde y cómo buscar la información que requieren en cada momento, además de adquirir hábitos de trabajo y convivencia que les permitan colaborar en equipos de trabajo interdisciplinarios y pluriculturales.[1]
Así entendida la figura y función docente hay innovaciones importantes pero también tareas nuevas y específicas, en esa dinámica los docentes de hoy en cualquier nivel educativo están obligados a traer la sociedad a la escuela y a los contenidos escolares, la práctica escolar entonces es una secuencia de vivencias paralelas que el docente organiza y promueve en los estudiantes con el propósito de preparar a los alumnos para lo mediato y lo inmediato. Hoy más que nunca la figura del profesor sigue vigente dada su importancia y rol crucial, hay quien pensaría que con las nuevas tecnologías es desplazado, diremos, para aclarar cualquier duda, que en este panorama su papel es insustituible nadie mejor que él para propiciar el desarrollo de los alumnos.
Estos por su parte siguen siendo el centro medular de todo el proceso educativo, los materiales, las estrategias y los objetivos educacionales están plateados en torno a su desarrollo integral y el de sus diversas competencias tanto genéricas como disciplinares: “El plus educativo, el broche de oro, lo pone cada educador y cada educando, con su riqueza axiológica personal e irrepetible, con su creatividad, su eticidad, su criticidad, sus ideales y convicciones, que le hacen ser sujeto y no objeto de las megatendencias de la educación a inicios del siglo XXI.” [2]
Diríamos entonces que el alumno deseable es un sujeto inmediato, es decir, uno que se integra a la sociedad sin decir que estaba desligado, el modelo educativo supone más un campo de prácticas de las competencias citadas en situaciones simuladas altamente realistas. La escuela se convierte entonces en el recipiente que emula a la realidad social, económica y cultural para acoger al alumno y regresarlo - competente - , realizado, emocional y con un amplio sentido de los valores.
En ese orden de ideas docente - alumno y su relación dialéctica se construyen en moderadores de la acción educativa: La educación está hoy ante un nuevo paradigma; se trata más que nunca de educar con visión prospectiva, mediante un modelo integrador que no pierda de vista el ser y el deber ser del hombre como ejes que iluminan un progresivo saber, y encienden un positivo hacer. [3]
[1] Marcela Chavarria Olarte, Megatendencias en la educación el el Tercer milenio, p. 3
[2] Marcela Chavarria Olarte, Megatendencias en la educación el el Tercer milenio, p.
[3] Idem
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Megatendencias
"El deseable impacto de la Web 2.0 en mi quehacer docente”.
Históricamente nuestro país - México - ha deambulado por una crisis educativa sin fin. Por vez primera tenemos las tecnologías que prometen ser la panacea de los problemas didáctico pedagógicos de las instituciones escolares. A raíz de dicha efervecencia las autoridades han echado las campanas a repique y levantado el vuelo - de sus sueños - a través de los discursos comerciando con la idea de que las Tic´s serían el gran remedio a los males escolares.
¿Qué tanto tiene éso de verdad y qué tanto de fantasía? más aún, ¿Estamos preparados para arropar a estas tecnologías en cuanto a infraestructura y recursos humanos? Las respuestas podrán ser tantas como innumerables los argumentos en contra y a favor, las verdades muchas para unos y la realidad una para casi todos: La educación pública como hoy la conocemos está en el proceso que una crisálidad lleva para convertirse en radiante mariposa. Transitamos por el momento más crítico en cuanto a la implantación y metamorfósis que el sistema educativo ha enfrentado desde las lides heróicas de Vasconcelos.
Hoy por hoy se requiere un concepto de Desarrollo educativo sustentable, uno que establezca a las tecnologías como medio y no como fin per se. Por lo anterior es preciso entender que el uso de Internet, como reservorio y espacio social tiene que llegar a nuestra tarea educativa y práctica docente en el más justo de los términos, no como equidad o igualdad, sino como la justa respuesta a las necesidades de cada alumno, de cada docente y cada cultura, que para el caso de México es tan plural como la diversidad de sus platillos.
¿Qué tanto tiene éso de verdad y qué tanto de fantasía? más aún, ¿Estamos preparados para arropar a estas tecnologías en cuanto a infraestructura y recursos humanos? Las respuestas podrán ser tantas como innumerables los argumentos en contra y a favor, las verdades muchas para unos y la realidad una para casi todos: La educación pública como hoy la conocemos está en el proceso que una crisálidad lleva para convertirse en radiante mariposa. Transitamos por el momento más crítico en cuanto a la implantación y metamorfósis que el sistema educativo ha enfrentado desde las lides heróicas de Vasconcelos.
Hoy por hoy se requiere un concepto de Desarrollo educativo sustentable, uno que establezca a las tecnologías como medio y no como fin per se. Por lo anterior es preciso entender que el uso de Internet, como reservorio y espacio social tiene que llegar a nuestra tarea educativa y práctica docente en el más justo de los términos, no como equidad o igualdad, sino como la justa respuesta a las necesidades de cada alumno, de cada docente y cada cultura, que para el caso de México es tan plural como la diversidad de sus platillos.
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