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domingo, 11 de abril de 2010

Dos sujetos básicos en la mega tendencia educativa actual

Dos sujetos básicos en la mega tendencia educativa actual.
Por Francisco Javier Oliva Hernández

La presente reflexión tiene como propósito ensayar brevemente los roles que jugarán el docente y el alumno en el nuevo paradigma educativo del siglo XXI. En ese sentido podemos partir de dos cuestiones importantes; ¿En qué radica la diferencia sustantiva entre el docente tradicional y su nuevo rol? Y ¿Cuál es la idea que se plantea del alumno deseable en una prospectiva como la que sugiere la RIEMS y se asemeja al modelo educativo actual?

En el orden de ideas planteado partimos de la idea de que los cambios más importantes del paradigma educativo posmoderno impactan a los sujetos implicados en ese proceso, al docente ya no se le concibe como un transmisor de conocimientos, ni siquiera como un enseñante:

El educador de hoy, más que centrarse en la transmisión de una herencia del pasado, debe abocarse a la habilitación para forjar y afrontar escenarios futuros. Los niños, adolescentes y jóvenes necesitan desarrollar habilidades de pensamiento y de acción, actitudes positivas hacia la vida, a través de modelos creativos e innovadores que les permitan saber qué hacer en situaciones variadas, dónde y cómo buscar la información que requieren en cada momento, además de adquirir hábitos de trabajo y convivencia que les permitan colaborar en equipos de trabajo interdisciplinarios y pluriculturales.[1]

Así entendida la figura y función docente hay innovaciones importantes pero también tareas nuevas y específicas, en esa dinámica los docentes de hoy en cualquier nivel educativo están obligados a traer la sociedad a la escuela y a los contenidos escolares, la práctica escolar entonces es una secuencia de vivencias paralelas que el docente organiza y promueve en los estudiantes con el propósito de preparar a los alumnos para lo mediato y lo inmediato. Hoy más que nunca la figura del profesor sigue vigente dada su importancia y rol crucial, hay quien pensaría que con las nuevas tecnologías es desplazado, diremos, para aclarar cualquier duda, que en este panorama su papel es insustituible nadie mejor que él para propiciar el desarrollo de los alumnos.

Estos por su parte siguen siendo el centro medular de todo el proceso educativo, los materiales, las estrategias y los objetivos educacionales están plateados en torno a su desarrollo integral y el de sus diversas competencias tanto genéricas como disciplinares: “El plus educativo, el broche de oro, lo pone cada educador y cada educando, con su riqueza axiológica personal e irrepetible, con su creatividad, su eticidad, su criticidad, sus ideales y convicciones, que le hacen ser sujeto y no objeto de las megatendencias de la educación a inicios del siglo XXI.” [2]

Diríamos entonces que el alumno deseable es un sujeto inmediato, es decir, uno que se integra a la sociedad sin decir que estaba desligado, el modelo educativo supone más un campo de prácticas de las competencias citadas en situaciones simuladas altamente realistas. La escuela se convierte entonces en el recipiente que emula a la realidad social, económica y cultural para acoger al alumno y regresarlo - competente - , realizado, emocional y con un amplio sentido de los valores.

En ese orden de ideas docente - alumno y su relación dialéctica se construyen en moderadores de la acción educativa: La educación está hoy ante un nuevo paradigma; se trata más que nunca de educar con visión prospectiva, mediante un modelo integrador que no pierda de vista el ser y el deber ser del hombre como ejes que iluminan un progresivo saber, y encienden un positivo hacer. [3]


[1] Marcela Chavarria Olarte, Megatendencias en la educación el el Tercer milenio, p. 3
[2] Marcela Chavarria Olarte, Megatendencias en la educación el el Tercer milenio, p.
[3] Idem